domingo, 21 de junio de 2009

El problema de la constitución del Estado Venezolano y las proposiciones políticas en cuanto a los fines de la educación


La independencia de Venezuela, su constitución como Estado y las propuestas políticas en cuanto al tema educativo, no son acontecimientos ni ideas circunscritas a la geografía nacional, sino que están enmarcadas dentro de la historia mundial de los siglos XVIII y XIX. En este sentido, las políticas que los borbones españoles aplicaron en Venezuela a finales del siglo XVIII, precisadas a través de medidas administrativas (creación de la Intendencia, la Capitanía General de Venezuela, la Real Audiencia y el Real Consulado) y económicas (creación de la Compañía Guipuzcoana, por ejemplo), afectaron los intereses políticos y económicos de los blancos criollos, lo cual alimentó su descontento y la búsqueda de la independencia.
Por otro lado, Inglaterra como tradicional enemiga de España, fomentó la independencia de las colonias españolas, por medio de la introducción de material subversivo. Además, tenía un gran interés por ampliar sus mercados y acceder a materias primas que le permitieran continuar con su desarrollo industrial.
Las obras e ideas de la Ilustración, sustentada sobre principios del poder en el pueblo, la igualdad de los hombres, la educación para la mayoría, la libertad, fraternidad, justicia social, tolerancia y progreso, así como la división del poder (en legislativo, ejecutivo y judicial); desembocaron en dos grandes acontecimientos del siglo XVIII: la independencia de los Estados Unidos (1776) y la Revolución Francesa (1789). Ambos acontecimientos repercuten en las ideas y pensamientos de los jóvenes que asumieron la dirección política de Venezuela, poco antes y después de la independencia.
En Francia, producto de la revolución que se inicia en 1789, se implanta la república como sistema de gobierno y el establecimiento de la igualdad entre los hombres a través de la proclamación de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cuya documentación fue propagada por las colonias españolas, leída y comentada por aquellos que encabezarían el movimiento independentista en Venezuela. Actualmente, la ideología política y económica que abogó por los derechos de igualdad de oportunidades para todos, libertad individual y el establecimiento de un Estado de Derecho (leyes que sometan por igual a todas las personas), se conoce como liberalismo.
El liberalismo se manifiesta en tres niveles: económico, político y cultural. En el plano económico se aboga por la libertad de empresa, libertad de competencia, libertad de asociación y libertad individual. En lo político se defienden la libertad de prensa (opinión), la tolerancia religiosa, el derecho a la propiedad, a la asociación política y en general, el reconocimiento de la condición de ciudadanos (con deberes y derechos y al Estado como su garante). En lo cultural – educativo, se aboga por la instrucción popular y por acceso a la cultura. (Uzcátegui, 2009).
Es con vista a este escenario mundial y gracias a la incorporación de la imprenta desde 1808, como se puede comprender que Sanz por ejemplo, haya escrito entre 1810 y 1811 diversos artículos en el Semanario de Caracas acerca de la necesidad de crear leyes sabias para alcanzar el orden social, la paz, prosperidad y felicidad de los pueblos, en combinación con excelentes magistrados. De igual manera hace alusión a los requisitos de respeto y obediencia a las leyes y el amor a la patria, como símbolos de patriotismo.
Sanz afirmó en uno de sus artículos que la felicidad de los pueblos se alcanza por medio de la combinación de buenas leyes (y el amor hacia ellas), la libertad (justa y racional) de los individuos, la educación pública para fomentar el amor y respeto hacia las leyes, y la rectitud del gobierno. Así mismo, defiende la idea de la soberanía del pueblo, entendiendo que el pueblo eran los propietarios, que al poseer bienes que cuidar, serían capaces de crear y ejecutar leyes para resguardar sus intereses y por ende, los de la nación. La felicidad individual y la felicidad social, eran para Sanz totalmente interdependientes y la educación el único medio para cambiar mentalidades y sembrar el amor a la patria, el respeto a las leyes y a la libertad.
Como se puede observar, las ideas de Sanz y más tarde, las propias ideas de Bolívar y sus seguidores, expresadas por medio del Correo del Orinoco desde 1818, evidenciaron gran influencia “del conjunto de postulados novedosos que, procedentes de Europa y Norteamérica, llegaron a Venezuela mediado el siglo XVIII”. (Pino, 1998, p. 132), que en conjunto recogen postulados de la ilustración y el liberalismo.
Es por tales razones, que en el marco de las discusiones planteadas en torno a los anteproyectos de Constitución para 1811, hubo una contundente influencia de modelos de constituciones foráneas, el caso del liberalismo político de la Revolución Francesa y la idea federalista expresada en la Constitución Norteamericana (1787). Por lo tanto, la base ideológica del texto constitucional de 1811 se orientó en el control del poder político, el igualitarismo civil, la supremacía de la Ley, la separación de los poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y la noción de soberanía, entre otros.
Años después, el Congreso de Angostura sancionó la Constitución de 1819, basada en un proyecto presentado por Simón Bolívar, que propuso organizar un República unitaria y centralista y un cuarto poder, el moral, que no fue incluido. Nos obstante, sí se toma en cuenta la propuesta de un poder ejecutivo fuerte y coherente, centralista, depositado en una sola persona denominada presidente de la República. Desde entonces, los territorios de la antigua Capitanía General de Venezuela y el antiguo Virreinato de Nueva Granada (Departamento de Cundinamarca y Quito), pasan a formar un solo Estado, por medio de la Ley Fundamental de Colombia.
El 30 de agosto de 1821, el Congreso reunido en Cúcuta sancionó la Constitución de la República de la Gran Colombia, de carácter centralista. En ella se establecen las elecciones de segundo grado, la abolición gradual de la esclavitud, la regulación de la libertad de imprenta y la supresión del tributo que pagaban los indios.
Con este breve recorrido de las primeras constituciones que rigieron la nación, se puede evidenciar la influencia de los postulados de las corrientes de la ilustración y el liberalismo. De la misma forma en que ambos pensamientos influyeron en el campo social en general, lo hicieron dentro del ámbito educativo.
Sanz desde 1808, reconoce que la educación es el principal medio por el cual se puede para cambiar mentalidades y sembrar el amor a la patria, el respeto a las leyes y a la libertad. Insiste en la necesidad de estudiar todo lo referente a la política y considera imprescindible que todas las personas de la nueva nación libre, se instruyan en lo concerniente a derechos y deberes, para ayudar a gobernar el país, teniendo como base verdaderos conocimientos, no superficiales, no equivocados. Sanz aboga por la instrucción pública.
Por su parte, Bolívar considera la materia educativa con gran cuidado, en su proyecto de poder moral expone su pensamiento pedagógico. En él propuso la instalación de una Cámara Moral para la dirección de la opinión pública y una Cámara de Educación que se encargaría de la “educación física y moral de los niños, desde su nacimiento hasta la edad de los doce años”. Además incluye la necesidad de contar con la colaboración de las madres en la educación de los niños, todo ello con el apoyo de los curas y los agentes departamentales, la traducción y publicación de obras que se consideren importantes y la creación, organización y dirección de escuelas primarias para niños y niñas. El plan de estudio debía incluir la lectura, escritura, gramática y aritmética (principios generales), la educación hacia el trabajo, “el respeto a los padres, ancianos y magistrados y, la adhesión al Gobierno”. De igual manera, la Cámara decidía dónde y cuántas escuelas construir y designaba a los directores (institutores), además de otras funciones.
En la Constitución de 1811 se atribuye la materia educativa a la competencia provincial. Se encargaba a los gobiernos de cada provincia a crear escuelas y a atraer a ellas, a aquellas personas aptas para estudiar y educarse. La Constitución de 1819, atribuyó a la Cámara de Representantes la obligación de vigilar la educación pública y ayudar en su progreso por medio de la creación de establecimientos que fueran convenientes (se incorpora como apéndice el Proyecto de Poder Moral de Bolívar, aunque no adquiere carácter de norma). En la Constitución de 1821 se establece como atribuciones del Congreso la creación de leyes sobre educación pública, la promoción y el progreso de las artes y las ciencias. Por otro lado, atribuyó a las Diputaciones Provinciales la creación de escuelas primarias y casas de educación y la recolección de loa fondos necesarios para el sostenimiento de las mismas. La intención era crear la instrucción pública, con la que el Estado asume la responsabilidad de crear escuelas y dar enseñanza a la población, con esta norma se sentaron los fines de la educación con respecto a la formación ideológica y las bases normativas para la educación privada. (Márquez, 1964).
También en el año 1921 se crea la primera ley por la que se organiza la instrucción pública: mínimo “una escuela de primeras letras en todas las ciudades, villas, parroquias y pueblos que tuvieren cien vecinos” y más (Márquez, 1964, p. 36) y la contribución de los padres para sostenerlas. Se sostenía la creación de escuelas normales, de escuelas para niñas, la obligación de los padres de llevar a los niños a las escuelas ó la enseñanza privada (que existía, con lo cual se evidencia el principio de libertad de enseñanza).
En fin desde 1810, se comienza a ver la educación como un instrumento político, porque permitía educar al nuevo ciudadano; un instrumento económico porque permitía educar para el trabajo, de allí la defensa por enseñar cosas útiles; y un instrumento de cohesión social porque permitiría ka constitución del Estado Nacional moderno. (Uzcátegui, 2009).
Desde vísperas de independencia y luego de ella, hombres como Miguel José Sanz, Andrés Bello y Simón Bolívar, sienten interés y preocupación por la cuestión educativa. Sin embargo, esas grandes ideas bañadas de los pensamientos de la ilustración y del liberalismo, quedaron sólo en el papel, puesto que en aquel momento las propias circunstancias sociedad (constantes enfrentamientos y guerras) y la grave carencia de recursos para su ejecución, no hicieron posible llevarlas a cabo en su totalidad. Sin embargo, cuando las condiciones han cambiado en la actualidad, aún las ideas y pensamientos novedosos sobre educación, terminan de la misma manera: sombríos en simples documentos. Cabe entonces preguntarnos que se está haciendo o qué se está dejando de hacer para que la educación venezolana siga después de muchos años, basándose en las más modernas leyes; mientras que la propia realidad nos indica que aún sigue siendo atrasada.


Aleida Escalona
23/03/2009

REFERENCIAS:


Pino, E. (1998). Ideas y mentalidades de Venezuela. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
Márquez, A. (1964). Doctrina y Proceso de la Educación en Venezuela. Caracas: Autor.